Sin tÃtulo
Angel Bados
1989
Hierro
Medidas: 99x121x39 cm
A.C.A.C. Fernando de la Cámara GarcÃa
Procedencia:
Col. art. / Gal. Fúcares, Madrid / C.A.C.- Museo Patio Herreriano, Valladolid
Firma:
SIN FIRMAR
Exposiciones:
1995 10 Pintores-10 Escultores en los ochenta, C.A.C., Sala Rekalde, Bilbao
BibiliografÃa:
Arte en España 1918-1994. Colección Arte Contemporáneo, Madrid, Alianza Editorial, 1995, 268, rep.c; Museo Patio Herreriano. Arte Contemporáneo Español, Colección Arte Contemporáneo y Ayuntamiento, Valladolid, 2002, 231, rep.c
Comentario:
Junto con TxomÃn Badiola, Pello Irazu, Moraza, Catania y MarÃa Luisa Fernández, Angel Bados forma parte del grupo de escultores vascos que partieron en su trabajo de una clara influencia del constructivismo y el pensamiento de Oteiza. En esta obra, Bados plantea la forma cúbica como un elemento que, fijado lateralmente a la pared, irrumpe en el espacio donde se encuentra el espectador, se presenta a su altura, mostrándole su forma abierta, "desocupada" como habÃa hecho Oteiza con sus Cajas. La escultura renuncia al pedestal y se cuelga de la pared, haciendo uso de un espacio habitual de la pintura, pero recordando también las experiencias de pared y esquina de los relieves de Tatlin y los espacios Proun de El Lissitzky. Por parte de Bados, la ideación de la obra supone consideraciones y reflexiones complejas que, sin embargo, se traducen en formas simples, mÃnimas, condensadas, en las que el acabado desempeña también un papel importante. La escultura cumple, según él mismo ha dicho, un papel de "artefacto transformador", y establece necesariamente un diálogo con el espacio circundante, interviniendo en la vida: algo que Bados concibe de acuerdo con Oteiza y con la plástica social de Joseph Beuys. La obra, silenciosa e Ãntima, deberÃa funcionar como una "trampa-territorio": una mediación para el diálogo entre el escultor y el espectador.