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del 12 de mayo al 31 de septiembre

Comisaria: Maria-Josep Balsach

La exposición La pintura como experiencia muestra la trayectoria artística de Antoni Llena (Barcelona, 1942) desde sus primeros trabajos -pioneros del arte conceptual en España y el arte povera- hasta sus Grandes Series (1962-2003) en las que encontramos una nueva visión de la pintura a partir de la composición con materiales extrapictóricos y al margen de movimientos establecidos. Su obra se inscribe también en una línea de investigación plástica de despojamiento y de síntesis que se inicia en los años treinta en Cataluña a partir de las obras de Miró, Ferrant y Cristòfol y aparece -en este contexto- como una de las más radicales del panorama español contemporáneo.

SALA 6. Arte conceptual y Papeles recortados

La exposición se inicia con la reproducción de una obra realizada en 1969 que cierra su etapa vinculada con el arte conceptual. En La Petite Galerie de Lérida, Llena pintó la silueta de las sombras que proyectaban sus esculturas efímeras en las paredes blancas, esculturas que luego retirará, dejando sólo el rastro, la forma de la presencia de una desaparición. A inicios de los años sesenta, Antoni Llena realiza una serie de obras en las que cuestiona el informalismo, lenguaje que vivía su momento de a apogeo en España. Su primera ruptura pictórica se vale de materiales tan delicados como el polvo de talco (Sin título, 1964), con los que expresaba una revisión de la pintura de lo sígnico. A partir de 1965 encontramos las primeras obras conceptuales como La estrella fugaz (1965). En este período aparecen muchos de los elementos que definen esta tendencia, como la crítica al objeto artístico (Burbujas disecadas, 1969) y la crítica a la concepción mercantilista del arte (Pila de papeles firmados en el lomo, 1967-68). Pero si bien estos conceptos pueden ser compartidos posteriormente por otros artistas, lo más relevante y singular de su primera obra conceptual es su trabajo sobre lo efímero, como Escultura disecada (1967-68) y su adscripción a los materiales pobres (Escultura para llevar en la mano, 1967-68; Huellas de gomaespuma, 1967-68). La opción por la fragilidad, que Antoni Llena continuará elaborando posteriormente a lo largo de su obra plástica, se convierte en uno de los puntales estéticos y conceptuales de su obra. Después de un silencio de diez años se muestran en esta sala sus primeras obras (1979) elaboradas a partir de papeles monocromos recortados, en la que se busca una renovación del espacio pictórico a partir de una depuración plástica desde el interior de la pintura, sin renunciar a la plasticidad inherente a la misma. Este proceso es afín al espacio de creación escultórico y consiste en substraer, en depurar, hasta llegar a una síntesis plástica extrema. En los papeles policromos, se añade el concepto de pliegue, una manipulación más barroca que coincide con la complejidad de la realidad y la concepción de su visión del mundo.

CLAUSTRO. Viaje de invierno

Para el claustro del Patio Herreriano, Antoni Llena ha proyectado una obra que lleva por título Viaje de invierno (2003), compuesta por treinta y ocho cajas de madera y metacrilato distribuidas en diversos grupos. Se trata de un viaje por el interior de la pintura en el que el espectador puede contemplar individualmente cada obra o bien mirar a través. Las obras se van encadenando visualmente, fragmento a fragmento, pieza a pieza, hasta producir una única obra de arte en su totalidad. Con la profundidad del viaje hacia lo más precario, entramos en el camino y la experiencia del arte de Antoni Llena. Un camino que es también pensamiento, ética y estética de la pintura.


SALA 9. Tiempo y memoria

En esta sala se expone la serie completa Sin arrepentimiento (2002) donde encontramos las primeras composiciones realizadas con elementos plásticos -con un fuerte carácter pictórico- y tejidos y materiales efímeros, en las que el artista rastrea la sombra latente del tiempo y la memoria. También se exponen las maquetas de sus escuturas públicas. El año 1992 Llena realiza en la Villa Olímpica de Barcelona su primera gran escultura, proyección máxima de sus esculturas mínimas en la que la fragilidad se instala en dimensiones gigantescas. Preferiría no hacerlo (2002) es el título de la que se levanta en el patio del Ayuntamiento de Barcelona. En el intervalo de tiempo que separa estos dos trabajos, Antoni Llena realiza una serie de maquetas para espacios públicos que transmiten la posibilidad de unir lo frágil y efímero con lo monumental y duradero, en una relación plástica inédita.

SALA 10. Velletque videre

Junto a los Papeles recortados de finales de los años ochenta, se exponen en esta sala una muestra de sus series Epifanías y sofismas (1990) y Et in arcadia ego (1995). La idea de la imposibilidad del nombrar, del "querer ver", de la precariedad de lo existente, están reflejadas en las series Lo que cada cosa tiene de indecible (1999); Preposiciones (1997) y Velletque videre (2000). Cierra la exposición la reproducción de la obra conceptual "Árbol con almohadillas" (1969) que nos remite al momento histórico de la agonía del arte conceptual en Cataluña. Llena realiza una obra en la que llenó de almohadillas las ramas de un limonero, uniéndolas y atándolas como si fueran injertos: las ramas eran sostenidas como si la naturaleza fuera de una fragilidad extrema. La recuperación de esta obra realiza también una crítica al papel de protección del museo y resume la idea de la vida como fragilidad, como precariedad, como inestabilidad, cuando manifiesta el centro de su belleza.




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